1. Cuando
2. Corazón de luz y sombra
3. Lo que usted merece  
4. Navega  
5. Marina  
6. Canto versos  
7. El limonero real  
8. Coplas de la luna llena  
9. La mirada  
10. La torcida  
11. Oración del remanso
12. Sueñero

 

 


Navega Shagrada Medra 2002
 
Ficha Técnica

Todos lo temas son de Jorge Fandermole.
Los arreglos de cada tema han sido realizados en forma conjunta por los músicos intervinientes.

Guitarra y voz: Jorge Fandermole
Piano, acordeón y voz: Carlos Aguirre
Bajo: Fernando Silva
Percusión: Juancho Perone
Voz en "Marina": Rubén Goldín
Voz en "Canto versos": José María Blanc
Teclados en "Sueñero", "Lo que Usted merece" y "Marina": Iván Tarabelli
Guitarras en "Navega": Trío de Guitarras de Rosario

 

 

 

 
Cuando

Cuando te despiertes cada día
con el cuerpo de aire y ese olor
feliz del sueño manso de las lilas
sin miedo al movimiento ni al dolor.

Cuando yo no tenga casi nada
de sangre en la garganta de papel
ni un agrio pez nadando en la mirada
ni quiera más amparo que la piel.

Van a ser los días esos barcos
de luz que una vez pude escribir
y la alegría que hemos olvidado
volviendo por los huesos a subir.
Yo me alimento con una quimera
en que los ojos al sol verán brillar
los brazos de mi padre en las banderas
y una ceniza negra, y una ceniza negra
y una ceniza negra que se va.

Cuando me convenza que la suerte
me rige a la par que la pasión
y no el temible arcángel de la muerte
velando sobre el campo del reloj.

Si lo consumado y lo posible
tienen siempre la cara del horror
en esta patria de lo inaccesible
en este tiempo olvidado de Dios.

Yo digo que mis ávidos amores
son fuertes y viven más que yo
son gigantes tenues como flores
que alientan este turbio corazón.
Los alimento con una quimera
en que los ojos al sol verán brillar
los brazos de mi padre en las banderas
y una ceniza negra, y una ceniza negra
y una ceniza negra que se va.

 

 

 

 
Corazón de luz y sombra

Marcha de los ciegos sobre una pintura,
nave de los locos y su arboladura.
Ojos donde afloran la miel y el veneno
y la luna mora de los sarracenos.

Placer que no vino libre de pecado,
nombre femenino de un ángel armado;
lágrima que drena hasta mi hogar profundo,
tormenta de arena por el fin del mundo.

El que te ama no te nombra,
corazón de luz y sombra.
El que te ama no te nombra,
corazón de luz y sombra.

Campo de amapolas en medio de un sueño
que hamaca en las olas mi barco pequeño.
Mis amores y mis objetos perdidos,
mis dolores y mis desaparecidos.

La piel de la niña del pueblo vecino
cayendo la tarde sobre los caminos;
un tajo de luna en la enagua de seda
en al tierra bruna bajo la arboleda.

El que te ama no te nombra,
corazón de luz y sombra.
El que te ama no te nombra,
corazón de luz y sombra.

No tengo palabras para enamorarte
ni quiero que te abras en dos para amarte.
Hoy estoy oscuro como un pan de tierra,
viviendo por puro azar, como en la guerra.

Cantan los idiotas, los hijos del sueño;
yo canto en mi propia parte del infierno
la enumeración que no tiene sentido,
que te dice toda mientras no te digo.

El que te ama no te nombra,
corazón de luz y sombra.
El que te ama no te nombra,
corazón de luz y sombra.

 

 

 

 
Lo que usted merece

Para que te duermas niño
de pelo de trigo
yo le robo a aire viejo
el canto de los grillos.
Para que su brillo de alas
no traiga el desvelo
lo pondré en una tinaja
de algodón del cielo.

Duerma que la noche viene
oscureciendo el agua,
alzando su capa negra
toda agujereada.
Prende la luna menguante
su vela chiquita
y en sus ojos arde el sueño
como una arenita.

No es que todo esté tan calmo
como estas palabras,
pero el sueño es necesario
pa' que vuelva el alba.
No es que todo sea tan bueno
como aquí parece
pero voy cantando al menos
lo que usted merece.

Duerna que llegó la noche
estrellada y honda,
y anda uncida de su coche
repleto de sombras.
Y por lámpara cimera
cuelga el lucerito
su luciérnaga estrellera
por el infinito.

No es que todo sea tan bueno
como aquí parece
pero voy cantando al menos
lo que usted merece.
Que si usted me sueña el día
un poco más bello
yo me gasto la vigilia
listo para hacerlo.

 

 

 

 
Navega

Zumba la arena fría al fondo del agua;
viene del Este, pega y despierta el alma
un gigante de la luna,
sangre verde de las palmas;
viento de oriente
que llega y reclama:
navega.

Hoy, casi al despertar, soñé que no estabas;
al levantarme vi la tierra arrasada.
Giraban por tu ausencia
veletas y salamandras
y un canto de aire
llevaba mi pena:
navega.

Navega, navega.
Navega, navega.

Levanta del barro una estrella
y en ella flotando livianas
la espuma, la tierra y la llama,
la pluma, la cerda y la escama;
el sueño que tarda y el alba que llega,
el agua, la sed y la arena.
Navega, alma mía, navega,
respira el dolor por las velas.

Navega, navega.
Navega, navega.

Todo lo que arde va en el viento al olvido
y así mide mi vida el reloj del río
por dónde iré flotando
con el último latido;
flores que pasan
y el brillo que queda
navega.

Navega, navega.
Navega, navega.

 

 

 

 
Marina

Marina, sólo por tu lengua blanda
volvían la tormenta y la ceguera;
caía un cielo blanco por tu espalda
y en los destellos de tu cabellera.

Marina pintaba las aureolas duras,
maduras y jugosas de saliva;
ardía brillante y rojo en la espesura,
hendidura profunda que latía.

Y saltaba el mar y fluían las laderas
y las dunas navegaban mar afuera.
Cuando el viento norte izaba las culebras
yo volvía deshecho, escoria en la marea.

Sismo, terremoto, cataclismo, peligroso
ritmo, maremoto en el abismo tenebroso.

El que jamás te ha visto no se imagina
una líquida luna en una salina
ni un diminuto mar que nunca se termina.
No se calma la sed con agua marina.

Marina por cada labio me ponía
un vértigo de océano en la boca.
Me hundía con mi esperanza hasta la sima
y me iba cuerpo al mar en cada gota.

Marina, mejor que no te cruce ahora,
espejismo del mar en la llanura;
podría arrastrarme el canto de las olas,
farolas de tu pecho y tu cintura.

Y saltaba el mar y fluían las laderas
y las dunas navegaban mar afuera.
Cuando el viento norte izaba las culebras
yo volvía deshecho, escoria en la marea.

Sismo, terremoto, cataclismo, peligroso
ritmo, maremoto en el abismo tenebroso.

El que jamás te ha visto no se imagina
una líquida luna en una salina
ni un diminuto mar que nunca se termina.
No se calma la sed con agua marina.

 

 

 

 
Canto versos

Si pienso en algo para decir,
si pienso en alguien por quien vivir,
si casi nada se tiene en pie
y este segundo ya se nos fue;
si en la mirada dura un fulgor
atravesando tanto dolor
yo canto versos de mi sentir
y los condeno a sobrevivir.

Donde parece el sol no alumbrar,
donde se muere de soledad,
en lo más hondo de esta quietud,
donde ocultó la sangre la luz;
donde agoniza un ángel guardián
y se nos pudre el agua y el pan
yo canto versos del corazón
y los enciendo en una canción.

Canto, canto;
tan débil soy que cantar es mi mano alzada.
Y fuerte canto, canto;
no sé más qué hacer en esta tierra incendiada
sino cantar.

En lo invisible de la ciudad,
donde se ocultan odio y verdad,
donde las bocas de un niño gris
corren sonámbulas tras de mí;
la infortunada noche que un Dios
arrepentido nos olvidó
yo canto versos de furia y fe
pa' que me ayuden a estar de pie.

Canto, canto;
tan débil soy que cantar es mi mano alzada.
Y fuerte canto, canto;
no sé más qué hacer en esta tierra incendiada
sino cantar.
Canto, canto;
tan débil soy que cantar es mi mano alzada.
Y fuerte canto, canto;
qué más hacer con palabras deshabitadas
sino cantar.

 

 

 

 
El limonero real

Manchas de lejos:
mujeres que van
llegando y los viejos
perdidos del hablar.
Sombra en los filos.
-Sujeta ese animal-;
y va pintando el río
la roja luz ritual.

Manchas que los viejos
prefieren no mirar,
van las tres llegando
vestidas de ciudad.
Sólo ella no viene,
luctuosa, innominal;
-cruza a buscarla,
es tiempo de olvidar-.

Amanece y ya está con los ojos abiertos;
repetidamente vuelve a recordar
un chasquido de agua y un cuerpo moreno
y esa vuelta oscura desde la ciudad.
Y silencioso el Layo va clavando el remo,
de un nombre ladeado suena esa otra voz;
el tiempo se tuerce, redondo y eterno
como agolpa el árbol el fruto y la flor.

Mancha del cuchillo matando el cordero;
rojo un vino fresco para festejar
sombras repetidas para el Año Nuevo;
nueve veces cuenta para no olvidar.
Cuenta y va agregando sobre el fruto viejo
capullos perplejos de un nuevo amargor,
pura eternidad como en el limonero
su limón maduro y al lado la flor.

Amanece y ya está con los ojos abiertos;
repetidamente vuelve a recordar
un chasquido de agua y un cuerpo moreno
y el volver oscuros desde la ciudad.
Y silencioso el Layo va clavando el remo,
de un nombre ladeado suena esa otra voz ,
el tiempo se tuerce, redondo y eterno
como agolpa el árbol el fruto y la flor.

Amanece y ya está con los ojos abiertos
fija en el momento en que el hijo se fue,
vacía de nombres, mujer en silencio
por el agua adentro del Colastiné.
Y va remando el Layo cruzando el desierto
con la nada extrema de su soledad:
repetida pena circulando el tiempo
como fruto y flor del limonero real.

 

 

 

 
Coplas de la luna llena

Cuando la luna baja
bajo con ella;
yo me caigo en el sueño
y la copla queda.

Queda como un aroma
que lleva el viento
o en el agua cantora
que se va yendo.

Si la luna me mira
me voy cegando
por los ojos me voy
descorazonando.

Me derramo a la altura
como un lamento
y su tensa blancura
me voy siguiendo.

Ay, luna que desatas
mi sangre oscura
y el aullido más largo
de mi amargura.

No les des a mis penas
más extravíos
que me busca la muerte
camino al río.

Ella me vuelve oscuro
animal sediento
y me dicta las coplas
de mi lamento.

Ay, madre de mi canto
y mi malandanza
no me eches al camino
a calmar mis ansias.

A volver como el día,
ensangrentado;
a quedarme ya sin amor
desolado.
No esperes junto al río
que hay luna llena
y anda suelto un ladrido
rojo en la arena.

Lucecita lobuna
de fiero brillo
quieta en la medialuna
de los colmillos.

No les des a mis penas
más extravíos
que me busca la muerte
camino al río.

 

 

 

 
La mirada

Apenas te vi bailando
supe que no alzabas para mí
la noche de tu pañuelo
pero la luz de tus ojos sí;
disimuladas brasas en vuelo
quemándose al partir.

Sólo porque la zamba
no guarda prendas para el cantor,
no le mientas a mi alma,
tus ojos van donde va tu amor;
ese pañuelo sigue la danza
pero tus ojos no.

Guardo en el lucero
un tiempo que espero para refrescar
fuegos de mis amores
y los ardores de tu mirar;
cuando mi voz se cansa
hay otra danza para bailar.

Sesgo de tu mirada
que va endulzándome la canción
con su llama enredada
volviendo leña mi corazón.
No dejes de mirarme
hasta que apague la noche el sol.

En los pliegues del aire
hay un camino que nadie ve,
que trae la luz furtiva
de tus pupilas mirándome
y lleva en mi humilde zamba
arena blanda para tus pies.

Guardaré escondida
la copla dormida donde refrescar
fuegos de mis amores
y los ardores de tu mirar;
cuando mi voz se cansa
hay otra danza para bailar.

 

 

 

 
La torcida


Me salió torcida,
a ver quién va a bailarla,
y en un giro de amor la sienta latir
y le endulce la piel amarga.

Marca por la noche
su fatigosa huella,
ciega de soledad, un paso aquí abajo
y otro paso en las estrellas.

Lleva un corazón
desacompasado y duro
y el acento del lado más débil del aire
por donde cae lo maduro.

La torcida no es
tan difícil de cantar
bajo esta luz; más difícil es vivir
de pie en esta tierra y andar.

En tanto no aclare
sobre esta tierra oscura
esta copla andará sangrando en el tiempo
con su torcida andadura.

Agua de la sombra
velada de mis días,
flor que endulza el salar, cruzando el desierto
va tu luna que me guía.

Canto y al robarla
del apagado espejo,
salta como una fiera mi vida astillada
con su quebrado reflejo.

La torcida es esta
voz que no tiene calma,
una canción que me va empujando el sol
en la oscuridad del alma.

 

 

 

 
Oración del remanso

Soy de la orilla brava del agua turbia y la correntada
que baja hermosa por su barrosa profundidad;
soy un paisano serio, soy gente del remanso Valerio
que es donde el cielo remonta el vuelo en el Paraná.

Tengo el color del río y su misma voz en mi canto sigo,
el agua mansa y su suave danza en el corazón;
pero a veces oscura va turbulenta en la ciega hondura
y se hace brillo en este cuchillo de pescador.

Cristo de las redes, no nos abandones
y en los espineles déjanos tus dones.

No pienses que nos perdiste, es que la pobreza nos pone tristes,
la sangre tensa y uno no piensa más que en morir;
agua del río viejo llevate pronto este canto lejos
que está aclarando y vamos pescando para vivir.

Llevo mi sombra alerta sobre la escama del agua abierta
y en el reposo vertiginoso del espinel
sueño que alzo la proa y subo a la luna en la canoa
y allí descanso hecha un remanso mi propia piel.

Calma de mis dolores, ay, Cristo de los pescadores,
dile a mi amada que está apenada esperándome
que ando pensando en ella mientras voy vadeando las estrellas,
que el río está bravo y estoy cansado para volver.

Cristo de las redes, no nos abandones
y en los espineles déjanos tus dones.

 

 

 

 
Sueñero

Silbo en la oscuridad,
animal sin reposo;
torres de la vigilia,
candela de los ojos.
No sé qué pueda ser,
si una curva del tiempo
o un hueco en el corazón
atento.

Trigo sobre el brocal
para que coma el hambre
y abajo el peligroso
agujero de la sangre.
No hallo, no puedo ver
más que la noche alerta
y el misterio detrás
de las puertas.

Sueñero, jinete sin descanso;
Sueñero, sobre un papel en blanco.
Sueñero, centinela de mi alma;
Sueñero, duérmete y dame calma.

Llevo cada mitad
como dos ríos gemelos,
uno cruza la tierra,
el otro fluye en el cielo;
el de la oscuridad
no conoce el olvido,
desvelado en seguir
lo perdido.

Ay, este toro azul
fatigado y sediento
de correr tras la nada
como la luz y el viento!

Ardo sin preguntar
igual que lo hace el fuego,
tal vez halle cantando
el sosiego.

Sueñero, enigma de un penitente;
Sueñero, andando entre los durmientes;
Sueñero, espina de las estrellas;
Sueñero, olvídate de ella.