Fandermole: lirismo y estilo original

Medio periodístico:
Diario Clarín

Fecha de publicación:
1 de Enero de 1983

<
>

Jorge Fandermole

Prensa

Prensa

Prensa
Fandermole: lirismo y estilo original

Si se hiciera justicia y los músicos del interior tuvieran iguales oportunidades que los de Buenos Aires, cantautores como el rosarino Jorge Fandermole opacarían a la inmensa mayoría de sus colegas de más éxito. Al presentarse en La Peluquería, Fandermole plasmó con vigor interpretativo un sorprendente nivel poético y armonías no convencionales para un espectro rítmico variado.

La ausencia de federalismo impide que, en lo cultural -en este caso, específicamente en lo musical- el público porteño no tenga acceso más que en forma esporádica a recitales de excelentes músicos del interior. Cuando éstos se presentan en la Capital, el escaso o nulo apoyo de las compañías discográficas y la comodidad de muchos responsables de la programación radial que no se toman el trabajo de escuchar a los músicos menos conocidos influyen para que la justa difusión no llegue a concretarse.
Rosario, por ejemplo, viene dando desde hace varios años valiosísimos aportes a la música popular contemporánea de la Argentina, con una camada de cantautores que figuran entre los de mayor nivel del país. Uno de sus mejores exponentes es Jorge Fandermole, quien se presentó con su grupo el último fin de semana en La Peluquería, donde volverá a hacerlo próximamente.
Con una voz grata que alcanza un atractivo vigor cuando suelta todo su caudal Fandermole es, en primer lugar, un poeta sorprendente, que logra la originalidad sin necesidad de caer en los rebuscado. Su temática es, de por sí, variada: una hermosísima revisión de la infancia (Fuegos antiguos), el humor negro (Para dormir a la muerte), el pálido renacer después de los últimos años de historia argentina (Pájaros de fin de invierno), la posición del artista respecto de la sociedad (Sangre al frente), el erotismo trabajado con una belleza insólita, sin descuidar el referente de la actualidad (Magia de piernas abiertas).
Si bien Rosario continúa dando compositores de impronta diferente con un notable nivel letrístico que, al mismo tiempo, son, como mínimo, dignos intérpretes de su propia obra (Adrian Abonizio, Lalo de los Santos, Fito Páez, Rubén Goldín), posiblemente ninguno redondee los hallazgos de Fandermole. Con la constante de una marcada melancolía que no llega a la sordidez gracias a la altura estética, este cantautor consigue abarcar un amplio espectro rítmico pues, si bien su repertorio podría ser definido con el concepto cada vez más vigente de canción, va rozando diversos ritmos argentinos y llega incluso a plasmar la Zamba de lo perdido, género del cual sólo mantiene el esquema imprescindible para continuar usando esa denominación, utilizando nuevos criterios para el resto.
En efecto, con un estilo muy personal -aunque no por eso reiterativo- para delinear la melodía, Fandermole propone armonías nada convencionales, sea en la zamba, en ciertos cortes tangueros de Fuegos antiguos, en el huayno de Retrato del hombre o en el bellísimo Candombe de la azotea, enriquecidas con frecuentes cambios de tono y de modo y con algunos giros bluseros. En tal sentido, los arreglos previstos para su conjunto (integrado por Iván Taravelli en teclados, Carlos Velloso Colombres en bajo y Tutti Branchesi en batería) no sólo no aprovechan los acordes propuestos por el autor en la guitarra - instrumento que, por otra parte, maneja con fluidez- sino que al no utilizar los silencios, vuelven más denso un clima que requería síntesis y sutileza para no tapar los valores poéticos.

Sibila Camps.