Un mapa identitario aún en construcción

Medio periodístico:
Diario Página 12

Fecha de publicación:
16 de Abril de 2014

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Jorge Fandermole

Prensa

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Un mapa identitario aún en construcción

Tras diez años de silencio discográfico, el rosarino retoma su camino con temas flamantes y versiones de sus clásicos que suenan como trenzados artesanalmente en cada arreglo, cada búsqueda de instrumentación, cada clima y cada ritmo.

Por Karina Micheletto

Hacía casi una década que Jorge Fandermole no sacaba un disco nuevo, aunque no fue de silencios que estuvo hecho su último tiempo artístico. La síntesis del más reciente recorrido transitado, siempre en compañía de colegas con los que el rosarino comparte de un modo u otro la esencia de ese camino, suena en este impecable trabajo, que lleva el nombre que es una seña de identidad para los tantos que admiran a Fander, así, como a alguien cercano. La edición de Fander, a través del sello entrerriano Shagrada Medra, es una buena noticia para esos muchos seguidores y para la música argentina toda, un trabajo que seguramente redundará en tantas otras nuevas versiones de algunos de estos temas, que suenan ya destinados a multiplicarse. Fander es un disco doble: el primero presenta nuevas canciones; el segundo, nuevas versiones de viejas canciones, junto a diferentes músicos y ensambles. Uno y otro confluyen en un presente fecundo que se ocupa con belleza del delicado arte de la canción.

Las nuevas y “viejas-nuevas” canciones de Fander suenan como trenzadas artesanalmente en cada arreglo, cada búsqueda de instrumentación, cada clima y cada ritmo. Junto a la voz y la guitarra de Fandermole se despliegan Marcelo Stenta en guitarras y Fernando Silva en cello, bajo y contrabajo –corresponsables, también, de la mayoría de los arreglos iniciales y miembros del trío con el que Fandermole viene tocando en el último tiempo–. Y también Juancho Perrone en percusión y el pianista Carlos Aguirre, entre otros músicos que se van sumando a medida que cada canción lo requiere. El río, el Litoral, el agua con todos sus significados, pero también el amor y el desamor, el paisaje que va del campo a la ciudad son motivos a partir de los cuales Fander construye canciones redondas, preciosas. Hay entre ellas homenajes explícitos: “Agua dulce”, dedicada a Chacho Muller, Aníbal Sampayo y Miguel “Zurdo” Martínez, tres referentes del mapa musical litoraleño; “La Luna y Juan”, sentido regalo a Luna Monti y Juan Quintero; “Corazón de bombisto”, para y sobre Raúl Carnota. Los temas de Fander pueden sonar con aires de candombe, chacarera o chamarrita o pueden expandirse en la forma más abierta de la canción, pero todas comparten un rasgo común: el de una identidad poética que trasciende a la de sus versos.

El segundo CD es un viaje a las canciones de los ’80 de Jorge Fandermole, revisadas con el aporte de los músicos con los que comparte su música actualmente, con arreglos que llevan los temas hacia otros territorios. Discos de esos que se guardan en casete (Pájaros de fin de invierno, editado en 1983; Tierra, sangre y agua, de 1985; Primer toque, de 1988, en colaboración con Lucho González –hay aquí otro homenaje expreso al guitarrista peruano–; Mitologías, del ’89, Los trabajos y los días, ya de los ’90) son resignificados en estas nuevas versiones. Y quizá porque estas viejas canciones están grabadas en el oído sentimental de quienes las admiran –y nunca es ecuánime la escucha sentimental ni la del admirador– es que “aquellas” versiones son las que siguen resonando como únicas y justas, de “Río marrón” en adelante.

Entre lo nuevo y lo viejo hecho de nuevo, Jorge Fandermole construye su mapa identitario en tiempo presente. Sigue hecho de hermosas canciones.